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Jordi Savall acaba de cumplir 85 años y este 2026 le trajo el Premio Ernst von Siemens, algo así como el Nobel de la música. En la entrevista que le dio a El Periódico el pasado 6 de agosto, aprovechó el marco del premio para confirmar algo que venía anunciando de manera confidencial: está armando una plataforma alternativa a Spotify, pensada específicamente para la música que el streaming actual castiga — clásica, antigua, jazz, tradicional.
El diagnóstico que da Savall no es una queja genérica de artista disconforme. Es una cuenta concreta: la música clásica representa apenas el 4% de lo que recauda Spotify, pero a los músicos les termina llegando una cuarta parte de eso, un 1%. La razón, según explica, está en cómo está armado el sistema de pago: se cobra por reproducciones de dos minutos y medio, un umbral pensado para el pop, que nunca contempla que una pieza clásica rara vez dura eso. El modelo, dice, “está pensado para favorecer el pop”.
La plataforma que imagina Savall no es un capricho de último momento. La lleva pensando hace tiempo, y ahora tiene con qué financiarla: parte del dinero del premio Siemens va a ir directo a este proyecto. Todavía no hay detalles técnicos ni fecha de lanzamiento inmediata — habla de dos años de desarrollo y de que recién en otoño va a explicar el proyecto en profundidad — pero sí hay una declaración de intenciones: la definió como algo que va a ser “muy diferente a Spotify”, abarcando todo lo que él llama “músicas de patrimonio”.
De Alia Vox a la plataforma anti-Spotify
Que sea Savall quien lo intente no es casualidad. Hace casi 40 años fundó Alia Vox, su propio sello, después de una jugada poco común para la época: recomprar su propio catálogo, que estaba disperso entre discográficas que ya no le servían. Esa experiencia — sobrevivir por fuera de las majors en un negocio donde vender 5.000 discos de un proyecto grande como su Pasión de Bach ya ni siquiera alcanza para cubrir costos — es la base moral desde la que ahora cuestiona el modelo de streaming.
El Festival Jordi Savall, en plena sexta edición
El anuncio llega en la previa de dos citas importantes. Este domingo 9 de agosto tocó en el Festival de Perelada junto a Les Musiciennes du Concert des Nations —formación integrada solo por mujeres, inspirada en las intérpretes huérfanas del Ospedale della Pietà de Venecia— con un programa de Albinoni, Geminiani y Vivaldi. El mismo programa se repite en el Festival Jordi Savall, que arrancó el 10 de agosto y se extiende hasta el 16, con catorce conciertos repartidos por el Reial Monestir de Santes Creus, Montblanc, Valls y Alcover. El punto más singular de esta edición es el concierto del 12 de agosto, coincidiendo con el eclipse solar visible desde la zona: un recital de tiorba a cargo de Josep Maria Martí, en una ubicación que la organización mantiene en secreto hasta el mismo día.
Savall también habla en la entrevista de otra deuda pendiente: la falta casi total de apoyo estatal histórico a sus proyectos (recién este año el Ministerio de Cultura aportó 100.000 euros de los cerca de un millón que necesita para sostener sus Academias de jóvenes músicos), y de la dificultad de explicar el valor de algo intangible como la música en un momento donde todo se mide en descargas.
Nada de esto resuelve el problema de fondo — el streaming sigue pagando mal a la música que no entra en la lógica del hit de tres minutos —, pero cuando alguien con 60 años de trabajo documentado detrás pone plata propia para construir una alternativa, vale la pena prestar atención a lo que salga en otoño.
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Patricio Villarejo es violonchelista de la Orquesta Sinfónica Nacional Argentina desde 1991. Fundó Argencello en 2008. Arreglador, editor y desarrollador autodidacta. Cree que la música tiene más para decir que lo que los conservatorios permiten.





