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Hoy, 4 de mayo de 2026, se abre el telón en Flagey, Bruselas. Sesenta y seis violonchelistas de entre 18 y 30 años —seleccionados de un total de 185 candidatos— inician la tercera edición del Concurso Reina Isabel dedicada al violonchelo. Para quienes no lo siguen de cerca: este es, junto al Tchaikovsky y el ARD, uno de los tres certámenes más exigentes del mundo para instrumentistas de cuerda.
Pero la edición 2026 tiene una dimensión que va mucho más allá del concurso en sí.
El año de Casals

Este año se celebra el 150º aniversario del nacimiento de Pablo Casals —y también el de la propia Reina Isabel de Bélgica, quien fundó el concurso en 1937. Para honrar esa coincidencia, la Fundación Pau Casals tomó una decisión que pocas veces se ve en el mundo de la música clásica: prestar el violonchelo Goffriller ‘Casals’ al primer laureado durante cuatro años.
No es un instrumento cualquiera. Construido en 1733 por el lutier veneciano Matteo Goffriller, Casals lo adquirió en 1908 y lo tocó durante más de sesenta años —en todas sus grabaciones legendarias, en todos sus conciertos, en el exilio de Prades. Lo llamaba “su amigo más querido”, y lo prefería a los Stradivarius que le fueron ofrecidos a lo largo de su vida. Un instrumento así no se presta: se confía.
Como muchos violonchelos venecianos, este instrumento era grande y ancho, más de lo que era común entre las generaciones anteriores de violonchelistas. Para reducirlo a su tamaño actual, un artesano eliminó todos los bordes y esquinas, recortó el contorno y recolocó los bordes y esquinas para que quedaran correctamente alineados. Esto se estabilizó doblando los márgenes exteriores desde el interior alrededor de todo el perímetro de la tapa y el fondo. El contorno elegido se asemejaba más al de un Stradivarius que al de un Gofriller, lo que llevó a las generaciones posteriores a asociar a los fabricantes con Stradivarius y, por ende, con Bergonzi.
En este artículo de The Strad podemos saber más de la historia y características de este instrumento.

Cómo funciona el concurso
El certamen se divide en varias rondas a lo largo de varias semanas. Para la preselección —realizada a puertas cerradas en enero— los candidatos debieron presentar grabaciones de un programa que incluía las Seis Études de François Servais, las Variations concertantes Op. 17 de Mendelssohn, la Sonata para cello solo de Ysaÿe y una obra de libre elección compuesta después de 1950. El jurado está presidido por Gilles Ledure e integrado por nombres como Natalie Clein, Jan Vogler y Anssi Karttunen, entre otros.
Los premios en metálico van desde €25.000 (Premio Reina Mathilde, para el primer lugar) hasta €8.000 para el sexto puesto, con seis premios adicionales sin ranking de €4.000 cada uno. Pero en esta edición, el número en el cheque pasa a segundo plano.

Ediciones anteriores y lo que viene
La categoría de violonchelo es relativamente nueva en este concurso centenario: se incorporó recién en 2017, con una primera edición ganada por el francés Victor Julien-Laferrière. En 2022 la laureada fue la surcoreana Hayoung Choi. Ambos casos son ilustrativos del impacto que tiene ganar: visibilidad inmediata, giras, grabaciones y —en este caso— un instrumento que carga décadas de historia en su madera.
Las rondas pueden seguirse en vivo a través del canal de YouTube del concurso y de su sitio oficial. Para cualquier violonchelista o aficionado que quiera entender qué nivel existe hoy en el mundo, estas semanas son una oportunidad única.
Entre los 64 que competirán en la primera ronda hay cuatro españoles — Kiril Fasla-Prolat, Álvaro Lozano Cames (19 años, probablemente el más joven del grupo), Alejandro Viana y Carlos Vidal Ballester — además del brasileño Luiz Fernando Venturelli, que ya estuvo en la edición 2022, y el portugués João Pedro Gonçalves. No hay argentinos en la lista.
¿Seguís el Concurso Reina Isabel? ¿Hay algún participante que te llame la atención? La sección de comentarios está abierta.




