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Yo sé lo que es una orquesta escuela. Por eso me indigna más.
Por Héctor Barraza · Argencello

Cerraron la Virgen de Itatí y la Violeta Parra. Dos orquestas escuela. Dos salas donde sesenta pibes de Villa 1-11-14 y Villa 21-24 aprendían que un instrumento puede ser tuyo aunque no tengas un mango para comprarlo. El Ministerio de Educación de la Ciudad lo envolvió en una frase que conozco bien: “proceso de mejora integral”. En treinta y cinco años de orquesta escuché esa clase de eufemismos cada vez que alguien decidió que algo no valía la pena seguir pagando.
La Virgen de Itatí tenía quince años. Quince. Eso no es un programa piloto, eso es una institución. Tenía lista de espera, lo que en cualquier gestión seria sería motivo de expansión y no de cierre. Seis docentes. Sesenta alumnos. Y no eran números de una planilla: eran pibes que llegaban al ensayo después de cruzar un barrio que el Estado atiende a cuentagotas, que agarraban el instrumento como si fuera la primera cosa propia que nadie les podía quitar. Hasta que sí se la quitaron.
Yo sé lo que cuesta construir eso. Sé lo que tardás en que un pibe de diez años le pierda el miedo al arco, en que una mamá confíe en que el espacio es seguro, en que el barrio incorpore a la orquesta como algo suyo. No se construye con un decreto y no se destruye sin consecuencias, aunque las consecuencias no aparezcan en ningún balance ministerial.
El programa viene de lejos. Empezó como Orquestas para el Bicentenario, cambió de nombre, sobrevivió gestiones, y en cada cambio de cartel hubo algún funcionario que lo presentó como propio. Eso también lo conozco: los programas que existen son de quien los hereda, los que se cierran no son de nadie. Nadie firma el certificado de defunción con orgullo.
León Gieco y Lula Bertoldi dijeron lo que tenían que decir. Bien por ellos. Pero lo más brutal no fue ninguna declaración pública: fue un alumno llorando frente a una cámara diciendo que les roban los sueños a los niños. Un pibe. Diciendo en voz alta lo que nosotros, los adultos del sistema, llevamos años masticando en los pasillos. Que la cultura en los barrios vulnerables siempre es lo primero que se ajusta, porque los que ajustan no viven ahí y los que viven ahí no tienen con qué defenderse.
En el Colón se debate el repertorio de la temporada. En Villa 1-11-14 se debate si el año que viene hay orquesta o no hay nada. Esa distancia no es geográfica: es política. Es una decisión de hacia dónde va el presupuesto y a quién le importa la música cuando ya no hay foto que sacar.
Mejora integral, dijeron. Que alguien me explique qué mejoró.

Violista. 35 años en orquesta. Dice lo que piensa y firma lo que dice.





